
Y llega la noche, inevitablemente mañana (o en un par de horas más) es el día en que tengo que mirar de frente a mis temores, inseguridades, tristezas y sufrimientos. Estoy ansiosa, nerviosa y triste, ha pasado tiempo sin vernos y el encuentro no se que estragos pueda hacer en mi. Afortunadamente me siento muy apoyada, por mi familia, esto no me sorprende, ellos siempre han estado junto a mi; mis amigos, de los más antiguos no esperaba menos, han sido participes de mis alegrías y más profundas tristezas; los más recientes han sido totalmente incondicionales, acompañándome muchísimo en este último período; incluso recibí varios “vamos que se puede” de personas que jamás imaginé.
Ya es el día, llueve y me gusta, quienes me conocen saben que mis días favoritos no son soleados ni calurosos, son grises y mojados ojala con mucho viento. Me levanto temprano me visto con la ropa que tenía preparada para este día, es de mi color favorito, negro. Recibo los últimos mensajes de apoyo y me voy. Mi Papá y yo nos subimos al auto, inmediatamente comienzo a hacer la analogía con el día primaveral en que me casé. Esa vez había un sol radiante, hoy llueve; ese día vestía de blanco, hoy mi ropa es negra; ese día mis ilusiones estaban en el comienzo de una nueva vida con el hombre que amaba más que todo en el mundo, hoy también voy ilusionada, le pondré fin a una etapa de mi vida junto al hombre que más me ha hecho sufrir en el mundo; aquella vez me acompañaron las personas más importantes en mi vida, hoy también lo hacen.
Llego a la oficina de mi hermano (mi abogado), me encuentro con un rostro familiar que me acoge y ayuda a calmar mis nervios, luego, casi como una señal, llegan mis dos hermanos, estamos los tres reunidos, sus palabras alegres consiguen animarme.
Nos vamos al Tribunal, llueve con rabia, mientras caminamos miro los rostros de las personas que pasan a mi lado, quiero memorizarlo todo, cada detalle de este día que marca un fin y un comienzo en mi vida.
Llegamos al Tribunal, media hora antes de la cita. Me siento y suena mi celular, que grato fue ver su nombre en la pantalla, su voz pausada y asertivas palabras me calman y dan valor para enfrentar lo que sucederá en pocos minutos.
Finalmente llegas tú acompañado por tu abogado y una amiga, yo sigo al teléfono, obvio no me saludas y me das la espalda, te esfuerzas demasiado en ignorarme. La espera se hace eterna, ambos nos paseamos, de pronto quedamos uno al lado del otro, nada más existe para mí en esos segundos, es el momento de mirarte y saber que me pasa, que me haces sentir. Te miro de pies a cabeza, busco tu mirada y solo puedo notar que mi presencia te incomoda más de lo que debería, te mantienes inmóvil, sabes que te estoy mirando…pero algo no te deja mirarme a los ojos, pero ya no me interesa descubrir que es, te vuelvo a mirar y sonrío, me doy cuenta que ya no tengo sentimientos de ningún tipo hacia ti, ni buenos ni malos, tu presencia en este mundo ya no me molesta. Sabes?, escogí quedarme con los buenos recuerdos, el encuentro en un verano, el primer beso, la pasión, las visitas inesperadas, las risas, las caricias, los logros, las propuestas, el Sí! y la tranquilidad de haber experimentado ese sentimiento tan noble, el amor.
Todo termino, te deseo lo mejor, ojala que encuentres lo que tanto buscas, ojala que el daño en esa búsqueda sea mínimo. Una vez más tomo prestadas palabras para decirte “Al fin has muerto y prefiero no sepultarte…”, no necesito visitar tu tumba ni bailar sobre ella, te vas de mi vida dejándome muchas cicatrices que si vuelven a sangrar no lo harán por ti, sangraran para recordarme el aprendizaje de lo vivido.
Tomo el control de mi vida y me cambio de canal.
No puedo dejar de agradecer a todos aquellos que tuvieron una palabra para mí en el momento preciso. Si hasta velitas se prendieron. Gracias Papas, hermanos, hermana del alma, cuñadas, Tíos, sobrinos, amigos de la vida, amigos presentes, amigos de mis amigos!.
PS: nos conocemos hace poco, sin embargo sabes estar cerca sin pedirlo. Tu presencia fue vital en ese momento tan crucial para mí. Gracias infinitas por acompañarme literalmente en cada minuto.